Hace más de cincuenta años, la NASA llevó por primera vez a la humanidad a la Luna en el marco del Programa Apollo. Evocando la hermandad entre Artemisa y Apolo en la mitología griega, el programa Artemis hoy está retomando ese camino: la misión Artemis II marcó un histórico y exitoso sobrevuelo lunar.
El mundo estuvo expectante al suceso. A bordo de la cápsula Orión viajaron los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen, mientras que toda la misión requirió la cooperación de cientos de científicos de distintos países.
Más allá de los astronautas
Artemis II encarnó una demostración del alcance de la cooperación internacional. Detrás del vuelo hubo una extensa red de equipos especializados. Según el kit de prensa oficial de la NASA, la misión se apoyó en estructuras clave como el equipo de gestión de misión, los equipos de lanzamiento, los controladores de vuelo y los equipos de recuperación, cada uno con funciones críticas durante distintas fases del viaje.
El equipo de gestión de misión estuvo encargado de evaluar riesgos en tiempo real y coordinar decisiones operativas; el equipo de lanzamiento lideró el despegue del cohete Space Launch System (SLS); mientras que los controladores de vuelo supervisaron la navegación, el soporte vital, las comunicaciones y la trayectoria de la nave.
A ellos se sumaron numerosos especialistas en distintas áreas —desde ingeniería hasta investigación científica—, reflejando la complejidad de las misiones espaciales actuales. Además participó la Agencia Espacial Europea, responsable del módulo de servicio de la nave Orión, lo que refuerza el carácter internacional del programa.
Una misión internacionalmente ensamblada, una estructura multidisciplinaria ampliamente ramificada, ¿Latinoamérica tiene cabida en esto? La respuesta es sí.
Artemis II y Latinoamérica
Tras el rugido de los motores del cohete SLS, se encuentra una red de mentes y tecnología que llegan a Latinoamérica. Es un esfuerzo global donde América Latina ha reclamado su lugar en el cosmos a través de contribuciones en ingeniería, operaciones críticas y desarrollo satelital.
La ATENEA argentina
El cohete SLS impulsó una parte de Argentina al espacio exterior. Sin tripulación, sin cámaras apuntando a la Tierra, y aún así, una de las piezas más reveladoras de la misión Artemis II.
Se llamaba ATENEA. Un satélite del tamaño de una caja de zapatos, desarrollado en Argentina por la CONAE junto a universidades e instituciones científicas, que viajó como parte de las cargas internacionales de la misión. Mientras se alejaba de la Tierra, comenzaba a medir algo invisible pero crucial: la radiación que enfrentan las misiones en el espacio profundo. Al mismo tiempo, probaba algo aún más desafiante: si las señales de navegación —las mismas que usamos todos los días en la Tierra— pueden sobrevivir a distancias donde ya no fueron pensadas para funcionar.
A más de 70.000 kilómetros de distancia, ATENEA logró comunicarse. No con una hazaña espectacular, sino con algo más importante: datos. Datos que, en el futuro, ayudarán a sostener misiones humanas más allá de la órbita terrestre. En ese trayecto discreto, Argentina —y con ella, Latinoamérica— empieza a encontrar su lugar.
Mentes latinas trabajando en la NASA
Colombia ha aportado un equipo de ingenieros que ocupan puestos neurálgicos en el éxito operativo de Artemis II. Su presencia no es solo simbólica; son los responsables de que los astronautas regresen a salvo. Entre ellos destacan:
Diana Trujillo: Ingeniera caleña, ya famosa por su labor en Marte y Directora de Vuelo en la NASA, formó parte del equipo que dirigió la misión Artemis II.
Liliana Villarreal: Originaria de Cartagena, su rol fue esencial para el cierre de la misión, formó parte del equipo a cargo de la recuperación de los astronautas tras el amerizaje en el océano Pacífico, coordinando la seguridad de la tripulación en los momentos más vulnerables.
Iván Ramírez: Ingeniero bogotano que se desempeñó como analista de propulsión en el cohete SLS. Su labor fue clave para anticipar comportamientos del sistema y garantizar el correcto funcionamiento de los motores que impulsaron a la nave Orión.
La conectividad en el espacio profundo es el hilo de vida de la misión. Aquí, el talento peruano ha sido fundamental para que la voz de los astronautas no se pierda en el vacío.
Rosa Ávalos-Warren: Se desempeñó como Gerente de Misión para Vuelos Espaciales Tripulados. Su responsabilidad principal no estuvo en el cohete, sino en la red invisible que lo sostiene: la infraestructura de comunicaciones y navegación.
El cohete Space Launch System es el más potente jamás construido y lleva ingenio venezolano en parte de su musculatura técnica. Nathalie Quintero y Carlos Tomás Mata fueron parte de un grupo de ingenieros que trabajó en el diseño y supervisión técnica del cohete.
Además, el ingeniero paraguayo Hernando Gauto, Gerente Técnico de Operaciones y Líder de Sistemas de Soporte Vital (ECLSS) de la NASA, estuvo a cargo de sistemas de soporte vital para el Artemis II.
Chilenos y Artemis II
Detrás de la tecnología de Artemis II hay mentes trabajando en los engranajes que hacen posible la misión. Entre ellos destaca Eduardo Bendek, un ingeniero chileno radicado en Estados Unidos y premiado por la NASA, que ha trabajado directamente en el desarrollo de tecnologías ópticas y de sensores para la exploración espacial.
Teresa Paneque es una reconocida astrónoma y divulgadora científica chilena que ha estado presente en las instalaciones de la NASA durante los eventos críticos del lanzamiento, actuando como un enlace importante entre la agencia espacial y la audiencia hispanohablante.
Los Acuerdos de Artemis: la puerta de entrada a la nueva exploración espacial
Latinoamérica avanza hacia la Luna, no necesariamente desde las naves espaciales, sino integrándose a los entramados en forma de acuerdos de colaboración durante esta nueva era espacial. La puerta de entrada: los Acuerdos Artemis, un marco de cooperación internacional que establece principios para la exploración pacífica del espacio.
Países como Brasil, México, Chile y Ecuador forman parte de esta iniciativa impulsada por la NASA, lo que refleja un creciente interés de América Latina por participar en la nueva era espacial.
En octubre de 2024, Chile dio un paso relevante al adherirse a estos acuerdos, sumándose a un grupo cada vez mayor de naciones que buscan colaborar en futuras misiones lunares. Más que garantizar una participación directa en proyectos específicos, este marco abre la puerta a posibles colaboraciones científicas, tecnológicas y diplomáticas en el ámbito espacial.
La firma de estos acuerdos posiciona a Chile dentro de una red internacional donde se discuten principios clave como el uso pacífico del espacio, la cooperación entre países y la gestión de recursos fuera de la Tierra. Para la región, representa un punto de entrada a las conversaciones que definirán el futuro de la exploración lunar.
No es casualidad que hayamos vuelto a mirar la Luna con nombres antiguos. En la mitología griega, Artemisa y Apolo eran hermanos: ella, diosa de la Luna; él, dios de la luz y el conocimiento. Dos fuerzas distintas, pero inseparables.
Hoy, sus nombres vuelven a encontrarse en el espacio. El programa Artemis retoma el camino que abrió el Programa Apolo, pero no están solos. La nave que lleva a los astronautas se llama Orión, como el cazador que, según el mito, fue colocado entre las estrellas. Y en ese mismo viaje, casi invisible, viajó también ATENEA, evocando a Atenea, diosa de la sabiduría y la estrategia.
Cuatro nombres antiguos para una misma historia: explorar, comprender, avanzar y visualizar que el cielo está más cerca.